“Vive este día como si fuera el último”

El pasado 12 de junio, se cumplieron 10 años del célebre discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford. Aquel día, el fundador de Apple demostró su capacidad de oratoria para motivar a los recién titulados, con un discurso emotivo y lleno de realismo.

Steve fue afortunado, puesto que descubrió su vocación hacia el final de la adolescencia. Comenzó la universidad sin convicción y, paradójicamente, dejarla a los pocos meses marcó su brillante futuro. Antes de abandonar completamente sus estudios, decidió asistir a las clases que consideraba realmente interesantes. Así adquirió conocimientos, vivencias y experiencias aparentemente irrelevantes, pero que a posteriori resultaron vitales. Casi inconscientemente, en esta etapa de su vida empezó a cultivar dos de sus grandes cualidades: la fe y la capacidad para tomar decisiones.

Poco después, en el mítico garaje de su casa, el fundador de Apple comenzó su travesía por el mundo de la tecnología: pasó de la serigrafía Serif al nacimiento de la computadora Macintosh. De la creación de una empresa de barrio a su alzamiento como una de las grandes multinacionales a nivel mundial. De su llegada a la cima a su despido con tan solo 30 años. Del posterior periodo de indecisión a una nueva fase de reinvención personal y optimismo. De la creatividad a la creación de las empresas Next y Pixar. Y en el terreno personal, de la soledad al amor por su esposa e hijos.

Como buen emprendedor, Steve no tenía miedo al fracaso, y cuando todo parecía perdido su despido de Apple marcó un punto de inflexión en su vida. Tras un periodo de incertidumbre, volvió a creer en sí mismo para acometer nuevos proyectos. Y Apple, sumida en una crisis de ideas, decidió repescarlo como CEO. A lo largo de su vida, Steve Jobs convirtió la tecnología en un mundo más amable. Porque si por algo se caracterizan el IPhone, el Mac o el IPad, es por la facilidad de uso y su adaptabilidad a las necesidades de la gente. En cualquier caso, si algo ha conseguido este genio es concienciarnos de la importancia de la fe y el destino. Su principal secreto para alcanzar el éxito fue buscar su vocación y luchar por lo que amaba. No solo a nivel profesional, sino en todas las parcelas de su vida. Pero a pesar de su vitalidad, Steve era pragmático y realista al hablar de la muerte. La consideraba tan traumática como necesaria, puesto que implica un reciclaje generacional imprescindible. Porque nuestra sociedad, en constante proceso de cambio, necesita savia nueva.

El 5 de octubre de 2011, Steve Jobs falleció a los 56 años por el cáncer de páncreas que le fue detectado en 2004. Finalmente, el destino en el que tanto creía fue caprichoso y le privó de seguir demostrando su talento. Pero como él mismo decía, la muerte debe estar presente para recordar la importancia de la vida.

“Vive este día como si fuera el último”, decía el fundador de Apple en su frase más célebre. Y si bien es cierto que el tiempo es efímero, Steve Jobs demostró que la fe para creer en lo que amamos es ilimitada. Su legado, a nivel profesional pero también humano, es, ha sido y será una fuente de inspiración eterna para las nuevas generaciones de jóvenes emprendedores.

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