El efecto mariposa

Corría el año 1995. La policía filipina destapó, casi por casualidad, aquel atentado. El fuego químico alertó a los agentes de Manila y el plan de los terroristas fue abortado. Pretendían asesinar al Papa, hundir aviones en el Pacífico y estrellar otro en la sede americana de la CIA. El autor intelectual del macabro plan fue detenido, pero Mohammed, su primo, salió indemne de la redada.

Un año después, Bin Laden convirtió a Mohammed en el tercer hombre de la red terrorista Al Queda. El objetivo era claro: aprovechar sus conocimientos técnicos para atentar contra los Estados Unidos de América. Así, los terroristas consiguieron financiación, reclutaron diecinueve aliados y seleccionaron fríamente los vuelos.

La mañana del 11 de septiembre de 2001, la televisión cubrió en directo el mayor atentado terrorista de la historia. El destino fue demasiado caprichoso para las casi tres mil personas que fallecieron aquel día.

“Un aleteo de una mariposa en Asia puede desatar una tormenta en Nueva York”, decía Edward Lorenz. Por desgracia, su teoría del caos se magnificó en esta triste historia de casualidades y causalidades.

Homenaje a las víctimas del 11-S

Javier Ramón | En recuerdo de las víctimas del 11-S

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