Licencia para soñar

“Personas que afrontan con resolución acciones dificultosas”. Así define la RAE a los emprendedores. A esos valientes que, llenos de ilusión, ponen en marcha un proyecto propio para sentirse realizados.

A priori, la coyuntura económica actual no parece la más adecuada para lanzarse a la piscina: recesión, dificultades económicas para las Pymes, falta de cultura emprendedora, apoyo insuficiente de las instituciones públicas, caída del consumo…Puestos a ser pesimistas, parecen demasiadas trabas para alcanzar la anhelada meta.

A los políticos, especialmente en campaña electoral, les encanta hablar de los emprendedores. Destacan su importancia para generar riqueza y empleo, y prometen todo tipo de facilidades para montar una empresa. Desde simplificar la burocracia a promover nuevas líneas de financiación (como fondos de capital riesgo o Business Angels), pasando por las deducciones fiscales para autónomos o la reducción del Impuesto de Sociedades. Una cosa está clara: necesitamos que las promesas se conviertan en hechos. Sin ir más lejos, el paso del tiempo dictará sentencia y dirá si la nueva Ley de Emprendedores es una solución real o simplemente un parche.

Desde el punto de vista económico, es imprescindible el desarrollo de un nuevo modelo productivo español que deje a un lado sectores de baja productividad (como la construcción), y apueste por la innovación y las actividades económicas de alto valor añadido. Sin embargo, llevar esto a la práctica es imposible si no creen en ello tanto las instituciones públicas como los futuros empresarios y emprendedores.

Otro aspecto importante para favorecer el emprendimiento es cambiar la mentalidad de adolescentes y jóvenes. Aquí, como no podía ser de otro modo, el sistema educativo tiene un papel fundamental. A diferencia de otros países desarrollados, en España el trabajo por cuenta propia está devaluado y menos de un 5% de los jóvenes se plantea montar un negocio propio. Si a esto le sumamos otras losas tradicionalmente históricas como nuestra falta de iniciativa o la animadversión hacia la figura del empresario, es inevitable pensar que tenemos una insuficiente cultura emprendedora. En este sentido, educar es imprescindible para despertar la vocación empresarial desde una edad temprana.

En definitiva, nos encontramos en un escenario que reclama tres líneas de actuación principales: el apoyo a los emprendedores por parte de las instituciones públicas, el desarrollo de un nuevo modelo productivo y la promoción de una cultura emprendedora desde el sistema educativo. Si esto se consigue, la meta estará más cerca.

Y así, de una vez por todas, los jóvenes emprendedores tendremos licencia para SOÑAR.

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