“Vive este día como si fuera el último”

Empresario, informático, pionero, esposo, creativo. Genio, visionario, un adelantado a su época. El Leonardo da Vinci de los Siglos XX y XXI. Éstos son algunos de los adjetivos que podríamos emplear para definir la figura de Steve Jobs tras su muerte.

Una vez nacido el mito, se revitalizan las experiencias personales. Las imágenes. Los recuerdos. Uno de los principales es su popular discurso en la Universidad de Stanford. En la ceremonia de graduación, Steve Jobs demostró su valía para despertar las vocaciones e inquietudes de los recién titulados, y de paso, del resto de los mortales. Aquel 12 de junio de 2005 se destapó como un orador motivacional épico, utilizando un discurso emotivo y a la vez lleno de realismo.

Steve fue afortunado, puesto que descubrió su vocación hacia el final de la adolescencia. Comenzó la universidad sin convicción y, paradójicamente, dejarla a los pocos meses marcó su brillante futuro. Antes de abandonar completamente sus estudios, decidió seleccionar la información que consideraba realmente interesante. Así adquirió conocimientos, vivencias y experiencias aparentemente irrelevantes, pero que a posteriori resultarían vitales. Casi inconscientemente, en esta etapa de su vida empezó a cultivar dos de sus grandes cualidades: la fe y la capacidad para tomar decisiones.

El fundador de Apple creía en la fuerza del destino. Concebía los hechos como una cadena de factores (conectados entre sí y directamente relacionados) que le permitían construir su futuro, implementando los conocimientos adquiridos a lo largo de cada etapa de su vida, y fusionando casualidad y causalidad para desarrollar una trayectoria profesional brillante.

Bajo esta premisa, Steve comenzó su travesía por el mundo de la tecnología: pasó de las serigrafías Serif y San Serif al nacimiento de la computadora Macintosh. De la creación de una empresa de barrio llamada Apple a su alzamiento como una de las grandes multinacionales a nivel mundial. De su llegada a la cima a su despido con tan solo 30 años. Del posterior periodo de derrotismo e indecisión a una nueva fase de reinvención personal y optimismo. De la creatividad a la creación de las empresas Next y Pixar. Y, en el terreno personal, de la soledad al amor por su esposa e hijos.

El caso es que, cuando todo parecía perdido, su despido de Apple marcó un punto de inflexión en su vida, reactivando su futuro. Tras un periodo de incertidumbre, volvió a creer en sí mismo. A crear, a investigar, a acometer nuevos proyectos. Y Apple, sumida en una crisis de ideas, decidió repescarlo en calidad de director ejecutivo.

Personalmente, creo que uno de los grandes logros profesional de Steve Jobs es haber convertido la tecnología en un mundo más amable. De hecho, y volviendo a su discurso en Stanford, encuentro muchos paralelismos entre el lenguaje cercano que emplea para dirigirse al público y las características de la mayoría de sus gadgets tecnológicos. Y es que, si por algo se caracterizan el Iphone, el Mac o el Ipod, es por su sencillez y adaptabilidad a las necesidades de la gente.

En cualquier caso, si algo ha conseguido este genio es concienciarnos de la importancia de la fe y el destino. Su principal secreto fue ser un hombre que encontró su vocación y luchó por lo que amaba. Y ya no solo a nivel profesional, sino en todas las parcelas de su vida. Desde una perspectiva emprendedora, destacó por su capacidad para aprovechar cada momento, aprender a tomar decisiones, evolucionar, reinventarse ante las adversidades y perseguir sus metas.

Pero, a pesar de su vitalidad y optimismo, Steve era pragmático y realista al hablar de la muerte. La consideraba traumática, aunque necesaria, puesto que implica un reciclaje generacional imprescindible. Y nuestra sociedad, en constante proceso de cambio, necesita savia nueva.

El 5 de octubre de 2011, Steve Jobs falleció a los 56 años a consecuencia de una parada respiratoria (provocada por la metástasis que le produjo el cáncer de páncreas que le fue detectado en 2004). Finalmente, el destino en el que tanto creía fue caprichoso y le privó de seguir demostrando su talento. Pero, como él bien decía, la muerte debe estar presente para recordar la importancia de la vida.

“Vive este día como si fuera el último”, decía el genio de Apple en su frase más célebre. Y si bien es cierto que el tiempo es efímero, Steve Jobs demostró que la fe para creer en lo que amamos es ilimitada. Su legado, a nivel profesional pero también humano, ha sido, es y será una fuente de inspiración eterna para las futuras generaciones de jóvenes emprendedores.

Javier Ramón | www.viajeroslowcost.com

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